Aunque apenas quedan vestigios, los primeros asentamientos humanos en la ciudad de Vigo pertenecen al neolítico; de las épocas anteriores, – Paleolítico y Mesolítico – se tiene constancia de presencia…
Aunque apenas quedan vestigios, los primeros asentamientos humanos en la ciudad de Vigo pertenecen al neolítico; de las épocas anteriores, – Paleolítico y Mesolítico – se tiene constancia de presencia humana a partir de los instrumentos y herramientas hallados en algunas zonas de la ciudad; de la Edad del Bronce son relevantes los petroglifos hallados en varias parroquias; tienen singular importancia los abundantes restos de la cultura castreña y de toda la etapa romana localizados tanto en el núcleo urbano como en sus alrededores y que revelan que las relaciones comerciales por mar proceden ya de esa época. Desde la Edad Media las costas viguesas recibieron las constantes incursiones de piratas procedentes del Norte de Europa, un fenómeno que dificultaba su crecimiento y el consiguiente desarrollo económico. La pequeña villa de Vigo, siguiendo una constante en la sociedad gallega, dependía del poder religioso. El crecimiento de la ciudad se inicia en el siglo XII, aunque su desarrollo económico era muy inferior al de otras poblaciones como Bayona y Redondela, que podían comerciar por mar con otras villas por decisión real. Esta situación no se solventa hasta el siglo XVIII, cuando desaparece el monopolio de algunas ciudades sobre el comercio marítimo. La economía de la Ría de Vigo debe a la riqueza de sus aguas, donde la sardina se reproducía de forma muy notable, los factores desencadenantes de su desarrollo. Si a las acciones de piratas y corsarios unimos los desastres de la peste podremos entender que tanto el comercio como la pesca y la artesanía tuvieron una errática evolución hasta que en el siglo XVI los armadores de la ciudad consiguieron de la corona la patente de corso.
Galeones de la flota de Indias, circa 1650 En este contexto histórico tiene lugar la Batalla de Rande (1702), en la que la flota formada por ingleses y holandeses se adentra en las aguas de la ría para hacerse con los tesoros que traía la Flota de la Plata española desde América (a la que asistía la armada francesa), cruento episodio que ha perpetuado Vigo en los libros de historia. Vigo estaba rodeada por una muralla que la defendía y se abría a siete puertas: Falperra, Berbés, Mar, Laxe, Gamboa, Sol y Placer, que se derruyeron en 1869 para favorecer su expansión. La orografía gallega, entre otras circunstancias, provocó el aislamiento secular de las poblaciones y aunque las comunicaciones resultaban dificultosas, con la llegada de comerciantes e industriales catalanes y vascos, atraídos por la riqueza pesquera de las costas, a mitad del siglo XVIII, se inicia el despegue económico relacionado con la pesca y sus derivados. Paralelamente se inicia una lenta mejora de las comunicaciones al realizarse la carretera que lleva a Castilla, un muelle pétreo y con la implantación del ferrocarril en la década de los sesenta del siglo XIX. Todos los años en Vigo se celebra la fiesta de la Reconquista, en la que se conmemora el levantamiento de los ciudadanos con el fin de expulsar al ejército francés en 1809. En 2009, con motivo del bicentenario de este hecho, el ayuntamiento promueve un amplio programa de actividades.
En la segunda mitad del siglo XIX se inició el proceso de crecimiento definitivo de la ciudad. La arquitectura fue el espejo del desarrollo económico, donde se reflejaba la importancia de las transacciones económicas con América en las viviendas de la alta burguesía situadas en las principales avenidas, iniciándose un crecimiento vertiginoso de la población. El puerto de Vigo, hoy en día unos de los principales puertos pesqueros de Europa, fue el punto del que partieron miles de gallegos que emigraron a América.
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