17 / 25 junio 2011


Por Quinito L. Mourelle

No imaginaba que el flashback fuese tan fidedigno. Sobre las tablas del Auditorio Municipal, el trío del contrabajista Arild Andersen nos hizo retroceder a aquellos ochenta, cuando músicos como el propio Andersen o su compatriota Jan Garbarek lideraban el estilo del momento bajo las siglas de ECM, el sello discográfico que proyectó sus carreras. Atmósferas relajadas y temáticas folclóricas siguen siendo sus elementos de trabajo. Me temo que esa estética se ha quedado algo trasnochada y que, partiendo de esos mismos motivos folclóricos, el trío podría haber llegado a otras cotas de abstracción, liberarse de la armonía y las estructuras y fluir con un sesgo más contemporáneo.



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3.07.10 Viejos cuentos y una despedida a lo Parker


Por Quinito L. Mourelle

No imaginaba que el flashback fuese tan fidedigno. Sobre las tablas del Auditorio Municipal, el trío del contrabajista Arild Andersen nos hizo retroceder a aquellos ochenta, cuando músicos como el propio Andersen o su compatriota Jan Garbarek lideraban el estilo del momento bajo las siglas de ECM, el sello discográfico que proyectó sus carreras. Atmósferas relajadas y temáticas folclóricas siguen siendo sus elementos de trabajo. Me temo que esa estética se ha quedado algo trasnochada y que, partiendo de esos mismos motivos folclóricos, el trío podría haber llegado a otras cotas de abstracción, liberarse de la armonía y las estructuras y fluir con un sesgo más contemporáneo. Quizá lo más delicado de la velada fue la inteligente utilización de algunos loops con los que se enriqueció el tejido del contrabajo. (¿Recuerdan el trabajo de Eberhard Weber en I Took Up The Runes?). Tommy Smith estuvo correcto al saxo e hizo gala de una notable fluidez, pero se le hubiesen agradecido algunas pinceladas por fuera del lienzo y alejadas de la sombra inevitable de Garbarek. Lo mismo puede argumentarse de Paolo Vinaccia, algo constreñido por un sentido rítmico preciso pero anclado en ideas del pasado que han perdido brillo. Los copos de nieve siguen siendo hermosos, pero hay que contemplarlos con otra óptica.

Por su parte, Roberto Somoza presentó al público vigués The Vanguard, su cuarta grabación como líder. Como novedades respecto a las anteriores destacan la utilización del saxo alto en todos los temas y el formato de big band. Los arreglos conjugan algunos elementos de la era del swing y de Kind of Blue con rítmicas y patrones más modernos, y las composiciones están perfiladas con estructuras progresivas en las que asoman sorpresas agradables y buenas cartas para los solistas. De postre una nueva composición en la que, ya que el protagonismo recaía en el saxo alto, Somoza homenajeó a Parker y a los héroes del be bop. Los solos, la energía de la puesta en escena y la originalidad de las composiciones (respetuosas con el jazz de antaño pero bien contextualizadas) dejaron muy buen sabor de boca.



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