17 / 25 junio 2011


Por Quinito L. Mourelle
La botella del preciado líquido espumoso rompió alegre contra la proa del primer lustro de ImaxinaSons. El señalado bautismo fue oficiado por el fantástico cuarteto liderado por Charles Lloyd. El saxofonista de Menphis, que acaba de registrar para ECM Rabo de Nube (2008), vive desde hace tiempo instalado en esa contemplación estética propulsada por el sello alemán en sus diferentes grabaciones.

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26.06.09 Sedación colectiva


Por Quinito L. Mourelle

La botella del preciado líquido espumoso rompió alegre contra la proa del primer lustro de ImaxinaSons. El señalado bautismo fue oficiado por el fantástico cuarteto liderado por Charles Lloyd. El saxofonista de Menphis, que acaba de registrar para ECM Rabo de Nube (2008), vive desde hace tiempo instalado en esa contemplación estética propulsada por el sello alemán en sus diferentes grabaciones. Su primera premisa sobre las tablas es la de llevar al público a un terreno en el que se deslindan las estructuras y las reglas ortodoxas de los repertorios clásicos. En su visión conceptual poco importa si se esbozan líneas rítmicas de un calypso, si se aborda una balada con vocación de standard, si se recurre a patrones que orillan en el blues o en el country o a progresiones minimalistas que sugieren un tratamiento modal: cualquier orientación estilística cae rendida indefectiblemente ante un estado de hipnosis que cautiva al público.

En esa vaguedad formal o sedación colectiva, Lloyd se mueve a años luz del bop para abrazar una espiritualidad pacífica —aunque Coltrane enseña el rabo en alguna de sus frases, su influencia parece definitivamente la de composiciones como Naima — en la que cohabitan el instinto melódico y la profusión de las escalas. Jason Moran se ocupa de cargar de tensión y enjundia armónica composiciones aparentemente sencillas. Sus intervenciones —muy diferentes a las que protagoniza como líder— hermanan el clasicismo del concertista de piano con la modernidad del orfebre minimalista. En su mano izquierda se resume la Historia del Jazz y toda la herencia recibida de su mentor Jacky Byard, sin por ello perder de vista el universo tejido por Lloyd. Los otros dos palos de la sección rítmica aunaron su genio en la celebración de la paz espiritual —alcanzada también a través de un sonido exquisito y meloso— con un discurso cristalino y nada afectado en el caso de Reuben Rogers y con una creatividad aplastante en la aportación de Eric Harland. Una vez inoculado el suero milagroso, la sensación del tiempo desapareció sobre el escenario: casi dos horas se transformaron en un par de minutos. Son las cosas que tiene observar detenidamente el rabo de una nube.



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