17 / 25 junio 2011


Por Quinito L. Mourelle

Franz Koglmann es uno de los músicos que con mayor acierto y creatividad procuran ahondar en las posibilidades del third stream. En algunos de sus proyectos ha querido instalarse en la orilla más cercana a la música clásica, haciendo prevalecer la herencia de la cultura europea, su principal fuente de inspiración. En otras ocasiones, sus incursiones en la música contemporánea, el free, o la parodia de estilos, le han alejado de una estética académica y nos han mostrado a un creador más abierto e imprevisible. En el concierto del pasado sábado pudimos ver facetas de ambas vertientes, si bien el repertorio se ajustó más a la primera.



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4.07.10 Del third stream al capitán jazz


Por Quinito L. Mourelle

Franz Koglmann es uno de los músicos que con mayor acierto y creatividad procuran ahondar en las posibilidades del third stream. En algunos de sus proyectos ha querido instalarse en la orilla más cercana a la música clásica, haciendo prevalecer la herencia de la cultura europea, su principal fuente de inspiración. En otras ocasiones, sus incursiones en la música contemporánea, el free, o la parodia de estilos, le han alejado de una estética académica y nos han mostrado a un creador más abierto e imprevisible. En el concierto del pasado sábado pudimos ver facetas de ambas vertientes, si bien el repertorio se ajustó más a la primera. Leopard lady, el tema que abre L’Heure Bleue, una de sus grabaciones más inspiradas, fue el aperitivo de un repertorio que se centró, sin embargo, en su última creación: ??Lo-lee-ta. Music on Nabokov. Sin duda no es una de las obras más arriesgadas del trompetista austriaco, pero en ella se mantienen las claves de su obra y especialmente la compuesta para su Monoblue Quartet. En éste destaca el papel reservado como improvisador a Tony Coe, viejo compañero de fatigas y responsable de un envoltorio que coquetea con páginas pasadas de la historia del jazz. Sus notas largas con el saxo alto, en las que tímidamente se anunciaba un dulce vibrato, parecían invocar a Johnny Hodges, mientras sus evoluciones con el clarinete retrotrajeron al público todavía más atrás, especialmente en aquellos pasajes con swing. Ya en la propina, ese viaje fue planteado con mucho mas descaro. Con los ojos cerrados el asunto sonaba a la música de Django Reinhardt y sus colegas. Tanto Coe como el resto del cuarteto, y especialmente el líder, cuidan en extremo el volumen y el sonido. A la hora de improvisar miden el alcance de su profusión Coe es más facundo que Koglmann pero ese contrapunto de estilos encaja perfectamente para mantener un balance entre la música escrita en el papel pautado y la generada en tiempo real sobre el escenario. Para paladares refinados.

La pianista Irene Aranda demostró en la introducción en solitario con la que abrió su concierto que su querencia por la música española pasa por el filtro de los impresionistas franceses. En la improvisación se decanta por los aspectos rítmicos y por episodios pseudo modales en los que crecer y despacharse a gusto sin poner en peligro la comprensión de los espectadores. La lírica suele reservarla para momentos de acompañamiento o en aquellos a piano solo. Los solos de Juan Ull (saxo tenor) y Paul Evans (trompeta) pusieron el punto bopero de la velada. Fue una pena que el contrabajista Matthew Baker no tuviese un poco más de protagonismo. Seguramente escondía algunos tesoros. La última composición interpretada, La Ruta de la Seda, puede ser un ejemplo de la apertura en la creatividad de Irene Aranda hacia influencias alejadas de la península y del corpus de su repertorio actual. A pesar de su juventud, sus composiciones apuntan originalidad y madurez. Su estilo como intérprete no busca el virtuosismo o la repetición de las fórmulas que funcionan sino la profundización en su propio lenguaje, no exento, como es lógico, de puntuales influencias. (¿Tyner? ¿Corea? ¿Evans?…).

La noche tenía que acabar por todo lo alto en el Xancarajazz. El guitarrista Gastón Rodríguez abrió fuego con una alegre versión de Malena en un concierto en el que, sin embargo, no fue el tango el protagonista. Podría haberlo sido ya que Gastón se mueve con mucha comodidad en esas aguas. Uno tras otro fue hilando temas originales con diversos acentos, desde el bop hasta el rock (Led Zeppelín) pasando por el funk, pero siempre con mucho jazz y con la premisa de una fuerte descarga energética. Sus compañeros vestían también el traje de faena y la intensidad no decayó.



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