Por Quinito L. Mourelle
Los amantes de la improvisación libre están de enhorabuena por la irrupción de Red Trio en la escena del jazz contemporáneo. Su concierto junto al saxofonista británico John Butcher vino a demostrar una vez más la gran calidad del jazz que se hace en Portugal y la diversidad de sus propuestas. Una de las grandes bazas de la sección rítmica es su capacidad para controlar la intensidad, especialmente en los momentos de bajada, en los momentos en que el fuego poco a poco se convierte en un puñado de brasas hasta llegar al silencio y al terreno de lo mínimo. Es ahí, cuando apenas se percibe el color anaranjado entre la ceniza, cuando el grupo se instala en la quietud más absoluta y teje bellos pasajes en los que no existe la notación. John Butcher es un especialista en utilizar ese tipo de sonidos y transformar su saxofón en una sirena, un didjeridoo o en un cachivache de percusión más.
Por Quinito L. Mourelle
Los amantes de la improvisación libre están de enhorabuena por la irrupción de Red Trio en la escena del jazz contemporáneo. Su concierto junto al saxofonista británico John Butcher vino a demostrar una vez más la gran calidad del jazz que se hace en Portugal y la diversidad de sus propuestas. Una de las grandes bazas de la sección rítmica es su capacidad para controlar la intensidad, especialmente en los momentos de bajada, en los momentos en que el fuego poco a poco se convierte en un puñado de brasas hasta llegar al silencio y al terreno de lo mínimo. Es ahí, cuando apenas se percibe el color anaranjado entre la ceniza, cuando el grupo se instala en la quietud más absoluta y teje bellos pasajes en los que no existe la notación. John Butcher es un especialista en utilizar ese tipo de sonidos y transformar su saxofón en una sirena, un didjeridoo o en un cachivache de percusión más. Pero también se destapó como un improvisador torrencial con largos episodios para los que se sirvió de la técnica de la respiración circular. En los momentos de máxima energía sobresalió Gabriel Ferrandini con un estilo a la batería muy suelto y plástico. En el caso de Rodrigo Pinheiro (piano) me quedaría en cambio con los ejemplos más líricos y económicos y con su uso del espacio. (Hay silencios que valen su peso en oro). El contrabajista Hernani Faustino, por su parte, es también un formidable lector de la evolución de la música en tiempo real y, como tal, un perfecto navegante de la improvisación libre.
El concierto del trío del trombonista francés Yves Robert tuvo, por el contrario, puntos flacos que ensombrecieron una propuesta que seguramente tendrá mejores demostraciones sobre otras tablas o en otras fechas. Algunos momentos de gran riqueza rítmica tuvieron el contrapunto de otros en los que no hubo una buena conexión entre Bruno Chevillon y el líder quien, por otra parte, con un estilo bopero pero algo sucio, no controló bien el volumen de su instrumento. De ahí que muchas de las notas de sus frases y de las melodías se perdiesen, por casi inaudibles, para el público. En cambio estuvo brillante exhibiendo armónicos en una introducción en solitario. Otra vez será…
El quinteto vigués Cró! dejó patencia en el pub Quomo de su querencia por el rock progresivo de los setenta. La estética de Pink Floyd o de aquellos Khan co-liderados por Steve Hillage y Dave Stewart sale a relucir en una puesta en escena en la que también juegan un papel importante las video creaciones de Borja Fernández, con estilos muy diferentes pero bien ensambladas con el discurso de la música. Erik Satie también se coló en algún fragmento…y no resulta extraño si recordamos que algunos de los popes de aquel movimiento, como Steve Hackett, han insistido en recuperar de formas muy diferentes la obra del genial compositor francés